Otra fuente importante de sordera son las infecciones durante el embarazo, sobre todo la rubéola, el citomegalovirus y el toxoplasma, aunque tampoco hay que olvidar las malformaciones craneofaciales.
Patricia Roush, del Programa de Audiología Pediátrica del Departamento de Otrorrinolaringología de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, recordó la necesidad de establecer un buen diagnóstico precoz de la sordera, “ya que entre la sexta y octava semana de vida se puede determinar si un niño padece hipoacusia. Unas semanas más tarde se consigue una buena clasificación de la patología, por lo que se puede iniciar el tratamiento”.
Richard Seewald, del Centro de Investigación Infantil de la Universidad de Ontario, en Canadá, puntualizó que la primera opción siempre es el audífono, y en los no respondedores se plantea la posibilidad de un implante coclear, “aunque no se recomienda su colocación antes del primer año de vida”.
En este aspecto hay controversia, puesto que, según indicó Pérez Olivares, “hasta el primer año de vida no se puede conocer realmente el grado de hipoacusia ni la evolución que tendrá el niño”.
Así, Antonio Denia, de la Unidad de Sordera y Vértigo del Sanatorio Nuestra Señora del Rosario, en Madrid, y coordinador del simposio, comentó que muchas veces hay excepciones que se deben considerar, “aunque siempre es preferible optar en primer lugar por el audífono”.
Primeros pasos
El especialista valoró positivamente el implante auditivo del tronco cerebral que se llevó a cabo en la Clínica Universitaria de Navarra a una niña de 13 meses (ver información), “aunque se trata de un caso en el que la paciente carecía de nervio auditivo”.
Roush hizo hincapié en la necesidad de contar con la colaboración de la familia para poder implantar el mejor tratamiento en estos niños, “ya que, si conocen la evolución de la enfermedad, colaboran en la medida de lo posible”.
Seewald recalcó la necesidad de establecer el tratamiento de la forma más precoz posible, “cuando el niño está desarrollando de forma natural su capacidad de comunicación. Así, conseguimos la misma evolución que los niños oyentes. En muchos casos, con los audífonos solucionamos el problema y se integra en su medio, sin perder la capacidad de desarrollo del lenguaje y de relación con su mundo exterior. Si falla esta opción, recurrimos a los implantes, que recomendamos su colocación transcurrido el primer año de vida”.



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